• Yoga: ¿postureo en las redes?

    by  • 06/09/2017 • Movimiento • 0 Comments

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    Hace poco que el debate (siempre presente) sobre lo bueno o malo que tiene la moda de yoga en Instagram se ha intensificado. Algunas reflexiones de ciertas ‘influencers’ han potenciado la polémica, que no es ajena a otros temas: maternidad, vida saludable, deporte, moda…

    Hay opiniones para todos los gustos: quien ataca el postureo defiende que el yoga es algo más que una simple foto o la instantánea de un momento. Tienen razón: hay una conexión cuerpo-mente que es la clave del bienestar que produce, hay una filosofía detrás que el practicante elige seguir o de la que aprende y escoge elementos que aportar a su práctica… El efecto ‘bonito’ e incluso ‘espectacular’ de las fotos en Instagram también puede llevarnos a confundir las posturas de yoga con acrobacias o cierto virtuosismo, cuando el yoga es una disciplina en la que se trabaja con la intención de respetar al máximo el cuerpo, los propios límites, y en la que se intenta abordar las asanas dejando a un lado el ‘ego’.

    Por otro lado, las redes sociales son una herramienta poderosa para compartir , crear conexiones, ayudarse y ensenar/aprender. Hay muchas defensoras de todo lo bueno que tiene Instagram para ayudar a difundir y compartir los beneficios de esta actividad. Gracias a las redes el yoga ha pasado de ser ‘ese gran desconocido’ lleno de tópicos (desde creer que era una técnica de relajación o una gimnasia suave hasta pensar que está vinculado al misticismo y a un enfoque ritual cercano a lo religioso. El yoga en Instagram ha creado comunidad, ha permitido difundir consejos, ofrece ayuda e inspiración a quien no puede acceder a determinados maestros y ayuda a dar una versión muy abierta del yoga.

    Resumiendo, los pros y contras del yoga en instagram podrían resumirse en estos puntos:

    ASPECTOS POSITIVOS DEL YOGA EN INSTAGRAM:

    • Da a conocer los beneficios de una actividad que cuida cuerpo y mente.
    • Favorece el intercambio de información.
    • Crea comunidad, une y conecta a los yoguis y yoguinis
    • Ayuda a corregir errores, aporta pequeñas ‘píldoras’ de formación.
    • Permite conocer y contactar con profesores
    • Inspira a los practicantes para mejorar o avanzar; motiva.
    • Educa en hábitos de vida saludables

    ASPECTOS NEGATIVOS DEL YOGA EN INSTAGRAM:

    • Da una visión sesgada del yoga centrada en el ego y el virtuosismo de las posturas
    • Prioriza las posturas e imágenes más efectistas frente a la sencillez de muchas de las asanas que son igualmente valiosas.
    • La imagen fija capta solo un instante, no recoge cómo entrar, mantener y salir de la asana.
    • Puede ofrecer una visión frívola de la práctica centrada solo en mostrar al exterior los resultados
    • Las posturas complicadas pueden desmotivar a los principiantes, que las ven incalcanzables
    • El resultado no muestra todo el trabajo que hay detrás, no se muestra la paciencia y la perseverancia que existe antes de dominar una postura
    • Deja a un lado la faceta más íntima de la práctica: en yoga hay un fuerte componente de introspección y hay necesidad de enfocar hacia el interior, y parece contradictorio con mostrar resultados espectaculares en internet.
    • Puede confundirse el objetivo del yoga: de sentirse bien y conectar con nosotros mismos a simplemente ganar más seguidores y lograr mejores fotos.

    Como en todo, yo creo que el equilibrio es la clave para encontrar un pundo saludable en el uso de cualquier herramienta. Las redes lo son: son una herramienta para compartir y son una forma de captar un ‘trocito’ de realidad. Quizás la clave para convivir con las dos caras de la moneda (el yoga personal, íntimo y respetuoso con nuestros límites, frente al yoga compartido, bonito e inspirador) sea tener siempre muy claro un factor esencial de las redes sociales: INSTAGRAM NO ES LA REALIDAD.

    Esto parece muy obvio pero nos puede servir para afrontar los efectos del postureo en las redes. Somos humanas y a todas nos ha ocurrido que sintamos que lo que vemos nos supera (estupendas madres, estupendas cocineras, vidas maravillosas, entrenamientos magníficos, vidas saludables al 100%, viajes maravillosos, trabajos super alucinantes…). Instagram nos cuenta una historia, y los perfiles son los personajes que hemos escogido para contarla. Es solo un trocito, una representación. La vida es menos estática, menos ordenada y no podemos volcar en las redes la complejidad de lo que somos y sentimos. Escogemos qué faceta mostrar, y eso no es malo, es un ejercicio para lanzar al mundo nuestro mensaje y escoger ciertas señas de identidad. Hay quien decide mostrarse más auténtico y hay quien prefiere recrear determinados aspectos de su realidad. Todo vale. La clave es el ojo del que mira, y en eso sí podemos ayudarnos para que el consumo de estos mensajes nos ayude a potenciar aspectos positivos y no nos cause más tensión o estrés que la que la vida nos aporta. Rebajemos expectativas y ‘juguemos’ un poco.

    Y tú, ¿cómo vives este dualismo de Instagram y las redes sociales?

    ¡Namasté!

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