• Y me lancé a un cambio…

    by  • 24/03/2016 • Alimentación • 0 Comments

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    Me gusta mucho hacer planes. Especialmente desde que descubrí que los planes están para no cumplirlos.

    Hace tiempo tenía en mente hacer algunos cambios en mi alimentación. Soy muy consciente de que ciertos alimentos de hoy en día están tan desnaturalizados y tan alterados que toca ser consciente y elegir; no se puede ignorar que hay alimentos de los que abusamos porque están presentes en muchos productos y, en general, nos hemos alejado mucho de una forma de comer más natural. Es difícil no encontrar aditivos, azúcar añadida, sal en exceso, grasas ‘escondidas’…. Así que para luchar contra ello no cabe ser neutral. Si te acomodas al final encuentras que estos productos dañinos se hacen un hueco silencioso en tu despensa y terminan formando parte de tus hábitos. Aunque creas llevar una vida más o menos sana.

    En mi caso, esta preocupación por una alimentación menos procesada se une con un rechazo emocional al daño que sufren los animales para ser nuestro alimento. Me cuesta justificarme con la idea de que “la naturaleza es así” porque una cosa es cazar como supervivencia y otra cosa muy diferente son las prácticas de explotación que se practican para mantener la industria alimenticia basada en la carne. No puedo armonizar dentro de mi cabeza y mi coherencia el instinto de protección que me inspira un animal que considero indefenso y nuestras prácticas cotidianas que implican maltratar, herir y matar, especialmente a las crías, para abastecer una dieta en la que, además, no es necesario semejante cantidad de productos procedentes de esta fuente. Vamos que, incluso entendiendo que deberíamos comer carne para sobrevivir, no comparto que esa carne deba comerse a diario, ni proceder de los bebés de los animales, que además sufran tortura y que necesitemos estabularlos, hormonarlos, adulterarlos, inmovilizarlos, aterrorizarlos y asesinarlos cruelmente (el jamón está riquísimo pero no puedo congeniar esa idea con la de la matanza de un cerdo).

    Conclusión: quería dejar de comer ciertas cosas, y entre ellas, dejar de comer animales. No me gustan las etiquetas, así que huyo de hablar de ‘vegetarianismo’, ‘veganismo’ o lo que sea. Yo tenia en mente cambiar mi alimentación y dejar fuera ciertos productos. Entre ellos, los que procedan de torturar y hacer daño a otros seres vivos. Como siempre hay ciertos miedos con respecto a si “me faltará algo”… pensaba hacerlo después de la lactancia, pero dado que mis lactancias son bastante prolongadas y dado que, curiosamente, la maternidad me pone mucho más en contacto con esta idea del respeto a la vida, y a las crías de otros mamíferos, y a ser coherente, y a sentirme en armonía con el tipo de persona que quiero ser, me vi de pronto dando el salto, documentándome bien para confirmar que, efectivamente, mi lactancia no se iba a resentir, así que desde hace unos meses he quitado de mi dieta los animales.

    Hace muchos años ya viví una experiencia similar y fui vegetariana durante un tiempo largo. Aprendí mucho de mí en esa etapa. Era muy joven y cometí errores, entre ellos, ser radical, tan estricta que me pasé en esa búsqueda de la ‘alimentación perfecta’ y caí en una conducta que hoy en día no quiero repetir. Creo que la madurez nos da un punto de vista diferente y por eso ahora no quiero hablar de ‘ser vegetariana’ ni de los alimentos que ‘no puedo o no quiero tomar’. Prefiero enfocarlo como una serie de elecciones y poner el foco en AQUELLO QUE PREFIERO CONSUMIR, no siendo drástica, no cayendo en un dogmatismo que me haga sentir que lo importante es lo que NO como, sino que me enfoco mejor en LO QUE PREFIERO COMER. Es, tan solo, cuestión de elecciones: lo que elijo para mi dieta.

    En casa nos tomamos esto con mucho sentido del humor y el lema que usamos para definir este cambio es el siguiente “soy vegana cuando me da la gana”. Sí, es así. Así lo necesito y así lo siento.  A mí cuerpo le sienta muuuuuuuy bien esta nueva etapa y estas nuevas elecciones, pero a mi cabeza lo radical no tanto. Soy tan extremista que si pierdo el norte puedo ser demasiado inflexible y esa no es la faceta de mi personalidad que quiero potenciar. Necesito ser menos rigurosa. Necesito sentir la imperfección y la tolerancia. Mi objetivo es alcanzar cierto respeto: hacia los animales, hacia mi cuerpo… Pero no me puedo saltar el respeto al otro: respeto a otras personas, a quien come diferente, a quien cocina con cariño para mí. Pues eso, extremismos fuera porque de lo contrario sé que no alcanzaría mi meta.

    Hay otra forma más bonita de contarlo que es como lo hace Ana Moreno, a quien sigo desde hace tiempo y que es fuente de información e inspiración para avanzar en este camino. Ella habla de ‘flexivegetarianos’, para comenzar a encontrar tu propia forma de comer enfocada en los productos vegetales, pero con los límites que tú te vayas marcando. A veces de una forma más ‘pura’, otras veces más flexible… Tiene razón en que una vez que comienzas y vas viendo los efectos que tiene en ti la nueva dieta, te vas centrando más y terminas por cometer pocas excepciones, igual que también tu filosofía se va volviendo más coherente y de vegetariana pasas a vegana de una manera bastante rápida, pero está bien no marcarse un objetivo muy extremo y explorarlo poco a poco.

    Tras estas reflexiones, con la mente fría y la ayuda de quienes me rodean y me quieren, he incorporado estos cambios a mi vida de manera muy silenciosa. Estoy aprendiendo mucho sobre alimentación vegetariana y, sobre todo, sobre cocina vegetariana. Yo,  que no he sido nunca muy hábil en los fogones, estoy disfrutando al descubrir platos fáciles de hacer y muy resultones. Como consecuencia, estoy comiendo cosas más ricas que antes y mi estado físico ha notado una mejora increíble, especialmente en la energía que tengo, la regulación de mi peso (es increíble cómo este último mes me he quitado de encima los últimos kilos extra que todavía me acompañaban del embarazo), el estado de mi piel, e incluso, mis emociones.

    Me gustaría compartir esto con vosotras así que en próximos artículos os iré contando de dónde he sacado la inspiración, la información y cómo lo he puesto en práctica para lograr lo que persigo: no dar la nota, no ser diferente, no tener que justificarme al comer ciertas cosas y no ser una compañera aburrida con la que no se pueda salir, disfrutar, cometer excepciones y dejarse llevar por la imperfección, con tranquilidad y la seguridad de que voy haciendo un cambio que dirijo yo y que voy adaptando a mi estilo de vida y mis etapas personales.

    Desde aquí lo iré compartiendo con vosotras. Estoy muy motivada y descubriendo un mundo apasionante.

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