• ¿Por qué necesitamos hacer ‘borrón y cuenta nueva’?

    by  • 08/01/2014 • Alimentación, Emociones • 0 Comments

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    Hoy leí este artículo muy interesante del nutricionista Juan Revenga. Es un profesional que habla clarito y no tiene miedo a la polémica. Hace un fantástico trabajo para divulgar información con base científica en relación a la alimentación, así que con frecuencia desmitifica y niega creencias o costumbres que seguimos y en las que confiamos sin que, muchas veces, tengan fundamento.

    El artículo al que me refiero hace referencia a la poca utilidad de las dietas depurativas. Es algo muy frecuente para todas hoy, los días 1 de enero, 1 de septiembre… No falla. Venimos de una temporada de ‘desorden’ y queremos sentirnos bien, acabar con la pesadez (no solo del cuerpo, sino también de nuestra conciencia). Revenga se muestra muy lógico y con mucho sentido común. Nos tira por tierra este ‘comodín’ del ‘mañana me depuro’ que tantas veces usamos y en el que creemos.

    Ya, ya, ya… sé que muchas sois partidarias de ciertos hábitos que marcan un ‘antes y después’ en nuestra rutina y que seguramente habréis notado lo estupendas que os sentís tras este pequeño ejercicio ‘purificador’. Yo no voy a reproducir al 100% las teorías del dietista. Cada uno se debe a su enfoque. Yo creo que en cuestión de nutrición y dietética, su visión profesional es sensata: poco aporta el hecho de realizar estos ejercicios puntuales de ‘volver al orden’ y ‘limpiar’ lo que hemos ‘ensuciado’. Es cierto que son conceptos que solo cobran sentido en nuestra mente. El cuerpo se regula solo y compensa solo. Eso sí, con un factor que a nuestra cabeza no le suele gustar gestionar: el factor TIEMPO. De ahí que nuestras ansias por reducir el periodo de adaptación y vuelta a la normalidad… sintiéndonos bien en poco tiempo, ‘borrando’ de un plumazo la carga mental que supone el haber descuidado la moderación, nos lleven a caer de cabeza en esta bonita promesa de BORRÓN Y CUENTA NUEVA que son las dietas depurativas.

    Así que yo no voy (ni puedo) discutir con el autor sobre este nulo valor dietético de una práctica que tanto nos motiva pero que probablemente no tenga un valor real sobre nuestro cuerpo. Al final… somos la suma, de hábitos y de decisiones. Todo cuenta y al final el cuerpo se equilibra.

    Pero, no voy a ser más ‘papista que el Papa’, así que defenderé a la parte más vulnerable de la ecuación: a nuestra naturaleza humana, frágil, incorrecta, desmesurada, irregular y …. eso, ¡humana!

    Por eso, aunque la dimensión dietética no conceda un valor real y concreto a este gusto por depurarse, la dimensión psicológica nos lleva a preguntarnos ¿por qué necesitamos algo así?

    ¿Qué sentido simbólico tiene el hecho de seguir un ritual tan inútil como conciliador para devolvernos al buen camino?

    Supongo que por eso tiene esa fuerza. Por eso nos aferramos a ideas rápidas y fáciles para dejar de sentir malestar físico y mental, como una forma aparente de pasar página y ‘poneros a ello’.

    Yo os animaría a que finalmente escojáis aquello que os sienta bien. Si tomar un caldo depurativo, con abundancia de vegetales, eliminando productos pesados, os hace sentir mejor… probadlo. Porque aunque no sea lo que se nos vende, malo no es.  Eso sí, siendo consciente del valor real de lo que hacemos. Sabiendo, en defintiiva, que estamos depurando sobre todo ‘nuestra mente’, que necesita ese pequeño empujoncito para ser capaz de tomar decisiones más inteligentes y escoger buenos hábitos para el día a día.

    Soy (y seré siempre) partidiaria de que en ninguna fecha haya ‘barra libre’ para caer en el desparrame alimenticio, manteniendo siempre un pequeño equilibrio entre lo que ingerimos y lo que gastamos. Por eso yo voy a animaros sobre todo a que cuando paséis por unas fiestas, vacaciones, fechas especiales… en las que vayáis a controlar un poco menos lo que coméis, intentéis ‘depurarlo’ en el día a día, aportando a vuestro cuerpo una dosis de ejercicio aeróbico que incremente vuestro gasto.

    ¿Y ahora que ya hemos dejado atrás las fiestas y los desajustes? Pues repito el consejo: no pongáis el peso de vuestras intenciones en un gesto simbólico de ‘ahora ya juro y perjuro que no volveré a tocar un gramo de azúcar hasta que vuelva a olerse otro Diciembre en el horizonte!’. Sed realistas. Pensar en los gestos cotidianos. En incorporar pequeñas cosas que ayuden y eliminar malos hábitos muy asentados. Empezad por uno. Uno de cada: uno bueno a incorporar y uno malo a evitar. Y seguid sumando…

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