• No soy carne de gimnasio

    by  • 04/07/2017 • Movimiento • 0 Comments

     

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    Aunque hace muchos años ejercí de monitora de diferentes actividades físicas (aeróbic, step, incluso spining…), nunca he sido carne de gimnasio; me ha motivado más el trabajo del cuerpo desde otros enfoques y a través de la danza, el Pilates y el Yoga he encontrado una base útil sobre la que construir mi rutina de ejercicios (que desde que me convertí en madre es de todo menos rutina: es más una lucha por sobrevivir haciendo ‘algo’, lo que se puede cuando se puede). Para el trabajo cardiovascular mis herramientas más estables son la natación y el running, así que aunque acudo a la piscina de un centro deportivo no suelo deambular por sus salas de musculación.

    El trabajo con carga, sin embargo, es algo importante y a partir de determinada edad se nota especialmente la necesidad de generar masa muscular. Soy consciente. Y aunque hasta la fecha me voy apañando con ejercicios de autocarga (que no necesitan implementos, usas tu propio cuerpo como peso) y algún ejercicio con mancuernas en casa, ayer pensé que ya que voy de vez en cuando al gimnasio podía explorar lo que ocurre en esa sala de fitness por cuya puerta paso sin asomarme. Mi objetivo: tener un pequeño plan de ejercicios para trabajar con aparatos y usarlo de vez en cuando para complementar lo que ya hago por mi cuenta. Una pildorita, nada más, porque hay zonas que veo que ya se descuelgan… y eso no lo levanta la piscina.

    Sin embargo, a la monitora que le tocó atenderme no le pareció buena mi idea, y nuestra conversación fue como para grabarla:

    YO: Hola, vosotros me podéis dar un plan de ejercicios para entrenar?
    ELLA: Sí, claro. Voy a tomar tus datos: (nombre, altura, peso, edad, enfermedades…). ¿Y cuántos días a la semana vas a venir?
    YO: No sé…. Uno.
    ELLA: (Ojos como platos) Eso y nada es lo mismo
    YO: Vale, pues… ¿Dos?
    ELLA: más de lo mismo. No sirve.

    Yo seguía ahí con mi botellita y mi toalla… mirando las máquinas supersónicas que nos rodeaban y tratando de convencer a la muchachita de que yo no soy carne de fitness, yo ya hago mis cosillas, y me va bien. Hay vida más allá de la sala de musculación, y es una buena vida, con luz natural, con sol, con espacio entre las personas…

    Nuestra conversación siguió poco más, ella convencida de que yo era una vaga integral y yo intentando sobrevivir a este juicio gratuito y muy divertido.Me lo pasé bomba viendo sus expresiones de disgusto, aunque entiendo que a personas que acudan con agobio o cierto apuro a empezar con algo de ejercicio no pueda resultarles muy motivador un abordaje tan poco ‘dummies-friendly’.

    La muchacha me dijo que el plan me lo haría en un par de días. En esta jornada de i+D que me había montado yo en el gimnasio, había incluido el apuntarme también a la clase de spinning que, curiosamente, iba a impartir ella misma. Allí nos vimos.

    Supongo que pensó que estaba loca por lanzarme a pedalear de manera extrema siendo (a sus ojos) una mujer-no-fitness. Yo me dejé atender cual novata aceptando consejos sobre cómo colocar el sillín (aunque eso no ha cambiado mucho desde que yo daba clase); lo que sí ha cambiado es la ‘performance’ del asunto: pantallas simulando la peor etapa del Tour de Francia, esquemas para que puedas visualizar el perfil orográfico del terreno… Nos tocó subir por un pueblecito del Teide, y allí los 44 usuarios de esta sala donde la euforia se mezclaba con el reto personal nos dedicamos a luchar contra nuestros propios límites, bajo los gritos desgarrados de nuestra coach sobre ruedas. Hubo cuatro bajas que se marcharon antes de acabar la clase. Imagino que a la jefa le dio algo de subidón por haber marcado su terreno: “vais a pagar con sudor”.

    Yo me defendí. Mi resistencia con el running está en buen momento y en natación yo entreno generalmente con intervalos, así que no me costó demasiado coronar esos dos picos de color rojo en el plasma.

    Me encantó el reencuentro con viejas prácticas después de algunos años y con diferente mente y actitud. Me dio por pensar en lo interesante que es ver lo opuesto de algunas técnicas: mientras este tipo de ejercicio va buscando desconectar, alejar la mente de ahí y liberarse de los pesos de la vida diaria, en otras técnicas, las que más trabajo últimamente, buscamos conectar: aterrizar aquí y ahora, encontrarnos con nosotros y asumir lo que hay, sin necesidad de huir.

    ¿Interesante reflexión? ¿Demasiada filosofía para una experiencia ‘descubre-tu-gym’? No puedo evitarlo; al final me da por pensar.

    Y mensaje para la entrenadora-refunfuñona: no estoy tan mal, de hecho, hoy no tengo agujetas. ;-)

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