• Ni detox ni “operación año nuevo”

    by  • 26/01/2017 • Alimentación • 0 Comments

    DETOX

     

    Es lo habitual en estas fechas… iniciar una etapa de ‘desintoxicación’ (tan de moda) o pasarse a la ensalada para compensar los excesos de las Navidades. Es lógico: el cuerpo y la mente nos piden orden. Los excesos pasan factura y estamos acostumbrados a este ciclo de subidas y bajadas.

    Sin embargo, no es eficaz. Nos lo recuerdan con frecuencia los expertos y nuestra parte racional sabe que es verdad, que lo mejor es mantener unos buenos hábitos y no caer en los extremos. Pero es inevitable, si mantener un peso equilibrado fuese tan sencillo, si solo fuese cuestión de programar comidas saludables y nuestro cerebro funcionase de manera calculadora, sin emoción, lo haríamos estupendamente. Pero no somos así, las emociones mandan, y tras el “permiso” viene la culpa. Y tras la culpa, la penitencia y la restricción.

    No digo que a algunas personas no les funcione: van compensando y pasan así el año, manteniendo un pulso consigo mismos. Pero que funcione así no quiere decir que sea la mejor alternativa, o que no pueda funcionar mejor de otro modo.

    En este post yo voy a intentar daros mis argumentos para convenceros de que no, que empezar el año restringiendo calorías y haciendo dieta o compensando no es una buena idea. Llamadme ambiciosa, utópica o ilusa, pero lo he comprobado personalmente y por eso creo que merece la pena cambiar el enfoque, como parte de un plan global para abordar nuestra alimentación como algo que no tiene fechas, ni etapas, ni fases. Nuestro modo de comer es la suma de los días, de todos…. los de diario y los de fiesta; los de vacaciones y los laborables, los fines de semana, las bodas y los eventos. Todo suma. Todo cuenta. Y si lo vemos como algo global, sin estridencias, podemos hacer las paces con nuestro sistema emocional y el calendario, y disfrutar por fin de todas las fechas del año. Sin pagar después por ello.

     

    “Tras el permiso viene la culpa, y tras la culpa, la penitencia y la restricción”

     

    Las razones para convencerte de que no hagas un ‘plan de enero’ son las siguientes:

    - Ninguna mejora en tu alimentación debería tener un límite temporal. Sí, ya sé que a veces ayuda eso de marcarse etapas; cuando quieres perder peso y te motivas con pequeñas metas, el calendario es un aliado. Pero créeme si te digo que esto no funciona, al menos no tanto como afrontar la alimentación y la mejora de hábitos como una serie de cambios y mejoras CONTINUOS Y PERMANENTES. Sean los que sean. Cuando avanzas por un calendario y unas fechas para lograr objetivos, esta temporalidad ayuda mucho a fragmentar la ‘batalla’. Nos la troceamos, nos la hacemos más abordable y parece que el subidón es enorme. Puede ser. Puede funcionar. Podemos perder peso, nos motivamos, hacemos una revolución interior, en nuestra cocina y en nuestros hábitos… Pero de todo ello, lo que va a quedar, lo que te va a sostener cuando pase el tiempo y ya no estés en la cresta de la ola de la fase “pierdo peso y me cuido un montón” será todo lo que en esta etapa te haya quedado como un hábito. Todo lo que haya pasado a formar parte de tu rutina.

    - No compenses. De verdad. Ya sé que parece una locura; que si has comido cuatro trozos de roscón, el ‘cuerpo’ te pide mañana desayunar una manzana pero no lo hagas por compensar, porque esto solo refuerza los dos extremos de la cuerda: el permiso VS la penitencia. Es mucho más sostenible regresar a la normalidad tras un exceso puntual, sin tener que dar el salto al extremo contrario. Hay una razón muy simple que puedes comprobar tú mismo: si mañana vas a ‘pagar’ por ello, hoy harás un exceso mayor. Es así. Mientras que si mañana vas a comer normal, hoy no te vas a exceder tanto. Se trata de romper ese mecanismo mental de premio/castigo.

    - Si con esta vuelta al orden te programas una dieta restrictiva, el juego de opuestos hará que la sensación de privación te genere mucha más ansiedad. Puede que al comienzo te sientas hasta bien… “Me estoy depurando”… ¿depurando de qué? El cuerpo tiene mecanismos para ello. El cuerpo trabaja eficazmente y es capaz de equilibrar los excesos sin necesidad de que haya que pasar por penitencias para limpiarlo. Sin embargo, la mente no lo tiene tan fácil: en la asociación de ideas de sucio/limpio van implícitas muchas connotaciones y emociones de culpa, fallo, error… que son caldo de cultivo para mantener una relación problemática con la comida por el resto de tu vida. Desde el punto de vista físico, el juego de altibajos tampoco es beneficioso. Una cosa muy diferente es el hecho de escuchar al cuerpo y seguir sus demandas, y estoy segura de que después de una gran comilona no te va a pedir seguir comiendo hasta reventar, salvo que las emociones alteradas entren en juego. Las pausas… las comidas ligeras para sentir algo de relax digestivo…. notar que necesitamos estar un tiempo sin sobrecargar al sistema, es algo que va a surgir de forma natural, según tus hábitos. Porque ahí está la clave.

    - Y pasamos al punto que para mí es esencial: LOS HÁBITOS deberían incluir todo, también el modo de afrontar las excepciones, las fiestas y los excesos. Cuando diseñamos nuestra vida saludable llena de buenos hábitos y una forma de alimentarnos saludable, solemos pensar solo en lo que haremos de lunes a viernes, en una semana estándar de trabajo habitual y con los factores habituales con los que lidiamos en nuestro día a día. Pero no solemos prestar atención a qué hábitos vamos a tener cuando toque un día especial. No solemos pensar en los buenos hábitos para fiestas, navidades, eventos… Sencillamente damos por hecho que en esos momentos dejaremos de portarnos bien y luego ‘compensaremos’ o regresaremos a la normalidad. Yo soy partidaria de que los hábitos sean sostenibles y eso quiere decir que sean todo lo buenos que puedan ser siempre y cuando los podamos mantener. De lo contrario, no son hábitos, son restricciones. Así que yo os animo a educar vuestras costumbres también para las etapas de fiesta: aprender a hacer excepciones sin sentirse culpable; aprender a escoger qué excepciones os resultan más llevaderas, qué alimentos no os sientan bien, qué alternativas podéis encontrar, cuál es el modo de poner fin a una excepción sin caer en el ‘todo o nada’… Esto es más difícil. Mucho más. Pero es sostenible y nos acompañará toda la vida.

    Y llegados a este punto, podemos pensar, “bien, esto es estupendo para mi próximo gran propósito de año nuevo: aprender a comer mejor, adquirir buenos hábitos y contemplarlo todo dentro de un sistema sin fechas, etapas o calendarios, pero ahora… ahora que ya he caído y que vengo de las navidades sintiéndome mal (física pero sobre todo emocionalmente), ¿qué puedo hacer? ¡¡ Mi cuerpo me pide un detox a gritos !!

    Primero, si te apetece leer a alguien con fundamento que te va a dar ideas de peso para entender que el ‘detox’ no sirve, pásate por este artículo de Juan Revenga; o este artículo de ‘The Guardian’.

     

    lifesaver

    Y ahora te enumero los puntos que pueden ayudarte a seguir adelante con este año recién estrenado sin tener que afrontarlo con la mochila de un castigo, penitencia o llamada al orden que solo reforzará la idea de que moverse entre el exceso y la restricción es la única manera de mantener un equilibrio.

    - Atención a los alimento adictivos (azúcar/harinas refinadas): yo, por ejemplo, es lo que más noto cuando vengo de una etapa en la que tienen más presencia en mi dieta. De tenerlos muy a raya, pasan a estar presentes de una manera más cotidiana y la adicción física despierta. Cuando tomas pocos dulces, su irrupción en la dieta no es demasiado agradable: el sabor dulce se vuelve empalagoso y te cuesta acostumbrarte. Pero en poco tiempo tu cuerpo vuelve a buscarlos y ya se ha desencadenado esa adicción puramente física que cuesta romper. Por eso cuanta más azúcar tomas, más pareces desear. La vuelta a la normalidad es clave para que el ritmo se establezca de nuevo. Pero basta con volver a comer normalmente, no hace falta el efecto contrario. Regresa a las opciones menos adictivas: tendrás, tal vez, que emplear algo más de alimentos dulces naturales para saciar esa puntual exigencia de azúcar. Funciona. Aunque no sean alimentos hipocalóricos, van a ir alejando de ti la necesidad de seguir comiendo dulces “malos”. Incorpora dátiles, plátanos, pasas… Ve usaándolos para alejar el azúcar refinado. Funciona. Si el objetivo es equilibrarte, funciona. Si el objetivo es bajar de peso a las dos semanas de las fiestas, no.

    - Suma en vez de restar: añade alimentos nutritivos (comer no es lo mismo que nutrirse); cuando abusamos de alimentos procesados, azúcar, harinas refinadas, es cuando más pide el cuerpo comida, porque no está nutriéndose. Es como si nuestro cuerpo tuviese hambre a pesar de comer. Solemos confundir esa ‘hambre’ con ansiedad por alimentos dulces, por excesos… es sorprendente comprobar que si le das al cuerpo alimentos de verdad, si le nutres, deja de pedir. Si está nutrido no hay demanda. El sistema se normaliza de una manera mucho más rápida que si ante un exceso contraponemos una restricción.

    - Conócete. Ayúdate. No te castigues. Cada persona es un mundo. concéntrate en tu principal problema cuando afrontas el día después de una etapa de excesos: ¿mala digestión? => simplifica tus comidas, no mezcles; ¿adicta al azúcar? => cambia el azúcar malo por azúcar bueno ; ¿ansiedad por la comida? => controla el índice glucémico de los alimentos (te pongo aquí algunos enlces para entender cómo funciona el I. G., resumiendo: si eres de las que tienen mucha ansiedad hacia la comida, ayuda si eliges alimentos o combinaciones de ellos que aporten un IG más bajo, de esta manera la sensación de saciedad es mayor)

    - Olvídate del calendario: no hay plazos. No hay fechas ni un tiempo establecido para recuperar la normalidad. La normalidad está en cada día. Elige para hoy lo que creas que es beneficioso solo por que hoy es hoy. NO hay un día mejor para cuidarse, ni un día señalado para echarse a perder. Cada día cuenta. Olvídate de una meta concreta. Concéntrate en el proceso: aquí y ahora. Eso es parte de una vida consciente, y es muy útil en nuestra relación con la comida.

    - Identifica tus emociones: a veces no necesitamos un ‘detox’ en el cuerpo sino en el “alma”. Las emociones rigen nuestra relación con la comida, no lo olvides. Conocerse es esencial; saber cómo me siento es clave para entender qué elecciones voy a hacer. Intenta saciar tu hambre emocional antes de intentar saciar tu hambre física. Entiende qué va asociado a esos ‘permisos’ y esos ‘castigos’. ponle nombre a las emociones (cuanto más fino hiles, mejor). Escúchate para ver si te sientes cansada, decepcionada, sobrepasada, te sientes frágil, te sientes sola, vulnerable… Esta época del año no es fácil a nivel emocional. La “cuesta de enero” es mucha cuesta. Asúmelo y ponte de tu lado. Elegir cuidarte es como darte una palmadita de apoyo en la espalda.

    - Muévete: no lo hagas para ‘quemar’, hazlo para darte un mimo. De esta manera te sentirás mejor físicamente (por el componente fisiológico que tiene la actividad física) y mentalmente (porque estrás haciendo algo que te aporta bienestar, que supone un cuidado y que refuerza nuestra idea de “acción”… parece que si queremos alcanzar algún resultado debemos actuar… pues mejor así que castigándonos). Pero trabaja la motivación, por favor, la cabeza es clave en todo este proceso: no hagas ejercicio porque odias tu cuerpo y lo quieres cambiar, haz ejercicio porque lo amas y lo quieres cuidar.

     

    Espero que estas ideas os ayuden a enfocar con éxito la normalidad del año que comienza.
    Un abrazo

     

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