• En busca de la mochila perfecta

    by  • 05/04/2019 • Ponte guapa • 0 Comments

     

     

    Uno de los rasgos de identidad de mis ‘atuendos’ de madre es el ir cargada con mil cosas, así que el ‘efecto mochila’ es inevitable: una mochila en la que poder meter la merienda, las toallitas, el agua, los diversos muñecos que me van dando… etc.

     

    Parece una cosa tonta: comprar cualquier mochila y usarla lo que dure. Pero después de varios intentos y desde que empezó el colegio y eso de las meriendas para uno se convirtieron luego en meriendas para dos… la cosa se fue volviendo algo más particular: no me sirve cualquier mochila. Son muchas horas las que me paso con ella a cuestas, muchas situaciones, mucha rutina y al final termina siendo algo que uso más que cualquiera de mis bolsos o complementos personales. ¿Cómo no elegir una mochila cómoda y resultona si me voy a pasar con ella pegada la mitad de mis días?

     

    Este pensamiento se fue acentuando a medida que iba siendo consciente de que quería estar cómoda, así que comenzó  la búsqueda de la mochila perfecta.

     

    Al principio lo que me hizo buscar una mochila específica fue el hecho de poder poner la botella de agua en un compartimento separado . Eso de llevar la botella aplastando al resto de cosas, según iba ‘rodando’ por el fondo del saco no me convencía nada.

     

    Igualmente, sentir cómo se amontonaban los diferentes elementos al fondo, en mochilas demasiado blandas, sin estructura, me resultó igual de frustrante y un elemento a evitar.

     

    El material debía ser resistente y de fácil limpieza , y dado que me iba a pasar con ella en la espalda tanto tiempo, necesitaba que fuese mínimamente “mona”.

     

     

     

    Después de estar muy alerta a los formatos de mochila que iba encontrando, me fue atrayendo cada vez más la estética y las promesas de solidez de las mochilas Fjallraven Kanken. ¡¡Me gustaban los colores y la estética sencilla!! y tenía bolsillo para botella, material impermeable y resistente, y fondo cuadrado para poder colocarlo todo. El elemento disuasorio era el precio… Lo pensé bastante. Pero al final me decidí a probar una como capricho.

     

     

     

     

     

    Es verdad que para ese precio me costaba destinar la mochila “solo” para las meriendas, así que destiné su uso a sustituir mi mochila todoterreno (una maravillosa de MANDARINA DUCK que ya empezaba a fallar en algunas costuras, después de 7 u 8 años de uso intensivo para viajes especialmente).

     

     

     

    Pero empecé a volverme loca: iba a dar clase de yoga y vacíaba la merienda para meter mis cosas; iba al cole y sacaba el altavoz, los apuntes, los calcetines y el incienso, para meter sandwiches y plátanos… Así no podía estar. ¡Necesitaba dos mochilas! Y claro, si el modelo KANKEN estaba dando resultado… ¿me hacía con otra igual? ¿dos mochilas a ese precio? Mi insntinto de no-derrochadora me frenó y al final terminé descubriendo que lo barato sale caro.

     

    La solución: “un clon”!! Encontré en AMAZON una réplica (¿falsificación? ¿clon? ¿copia?) de esta marca sueca. La verdad es que la similitud era desconcertante: en foto no era capaz de detectar las diferencias. Y el precio parecía indicar: “bueno, quédate tú con la buena para tus cosas y deja la copia para llevar las meriendas. Total, para unos sandwiches…”

     

    Y eso hice; pedí la mochila-copia-para-sandwiches y al recibirla aluciné con el parecido. El tacto, que era lo que podía fallar al verla solo en foto, resultó exacto. ¡Había hecho una compra acertadísima!… Bueno, pues la mochila-2 duró exactamente una semana. ¿¿Y qué falló?? ¿¿Dónde estaba la trampa?? … EN LAS CREMALLERAS. En siete días de uso intensivo: abrir, cerrar, abrir, cerrar… la cremallera dijo: “¡Ehhhh! ¿Qué te has creído? ¿que soy sueca?”… y se salió de su carril y quedó inutilizada mi mochila, retornando a la situación anterior en la que compartir uso los sandwiches y el incienso. Un rollete, vamos.

     

     

    Dado que fue un fallo tan estrepitoso y estaba dentro de la garantía inicial, la devolví a Amazon sin problema. Y me decidí a sustituirla por otra. De nuevo la idea de repetir con la Kanken asomó a mi mente, pero seguía resistiéndome a doblar el gasto. Así que seguí ojo-avizor, alerta a cualquier posible compra maestra que surgiese ante mi paso.

     

    Y surgió: en MISAKO me encontré con un modelo de mochila bastante resultón que me dio la idea: dejo la sueca para las cosas de los niños y me quedo con esta para mis cosas. Se la veía mona, era de precio asequible, me gustaba el color, tenía bolsillos laterales, estructura armada… Venga que sí, que era la solución ideal.

    Pero a las dos semanas descubrí: que la boquilla tipo “vintage” de monedero antiguo dificultaba mucho el cerrarla con una sola mano; y al cabo de otras dos me quedé camino de un curso intensivo de yoga con la mochila literalmente en la mano: se descosieron las correas. ¿Os dais cuenta de que al final me estaba hartando de asimilar en carnes propias eso de que lo barato sale caro?

     

     

    Desesperada, estaba ya a punto de lanzarme a por mi segunda mochila sueca, cuando encontré una alternativa que me encandiló por Internet: las mochilas ONE-OAK: se trata de un producto elaborado con PET reciclado, parte de la línea de trabajo de una start-up enfocada a producir relojes de madera basados en la reducción del impacto medioambiental de sus materiales. De hecho, vinculan la creación de estos productos (a los que se ha unido su línea de mochilas) con la reforestación de diferentes zonas que han sufrido el impacto de las agresiones medioambientales, de manera que reforestan más de lo que consumen, logrando así un equilibrio positivo para el medioambiente.

    mochila ONEOAK

    La empresa tiene una filosofía muy comprometida, por lo tanto, con su causa, y de hecho, con tu compra plantan un árbol del que te mandan una foto con el nombre que eliges (la mía llegará supuestamente en mayo, cuando se pongan en marcha con la reforestación de zonas de Galicia que es donde ahora mismo están trabajando para repoblar los terrenos afectados por los graves incendios de estos últimos años.

     

    Aún así, metida yo en mi propia paranoia mochilera, les escribí preguntando por la resistencia de sus productos. Fueron muy majos, hasta me enviaron una foto de una mochila suya con uso diario y en perfecto estado después de tiempo. Me garantizaron, no obstante, que si se me rompía tenía garantía, y escogí la de color azul, la OZEAN.

     

    Y recibí mi mochila: y me encantó. La Kanken quedó para las meriendas. La OAK quedó para mí. Ya me ha acompañado a varios cursos y a mis clases diarias de Yoga. Le falta superar la prueba de viajar con ella. Es verdad que frente a su decana y competidora: la MANDARINA DUCK que me prestó un gran servicio, tiene en su contra que no hay tantos compartimentos y se echa de menos alguno, pero a su favor tiene la estructura rectangular, el precioso y perfecto acabado del forro interior y los bolsillos laterales para botellas (que podrían ser una gotita más altos para ser perfectos).

     

    Pero hoy por hoy estoy muy contenta con mis DOS mochilas. Y espero que si alguna ha sucumbido a una búsqueda similar encuentre en este post alguna idea valiosa sobre QUÉ NO COMPRAR, especialmente.

     

    Un abrazo mochilero para el finde que comienza.

    ¡A disfrutar!

     

     

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