• Alimentación saludable (I): ¿sólo importa lo que comes?

    by  • 26/06/2017 • Alimentación • 0 Comments

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    Intentar mantenerse sano está de moda. Cuidarse, protegerse, escoger qué alimentos deben formar parte de nuestra dieta y (¡mucho más importante!) cuáles no da pie para llenar páginas y páginas con información y consejos. Es algo bueno, por supuesto. Es algo renovador porque venimos de años en los que la industria alimenticia ha deteriorado la calidad de lo que nos llevamos a la boca cambiando nuestras costumbres y dejando que lo procesado gane terreno a lo más natural. Es bueno volver a los orígenes para seguir opciones más naturales y hacerlo desde la responsabilidad personal, tomando conciencia de nuestro papel de consumidores.

    Pero como en la actualidad la información es algo masivo y los datos nos desbordan, también es fácil llegar a la saturación con toda esta literatura diaria sobre peligros, riesgos, hábitos perjudiciales e ingredientes dañinos. Los expertos en nutrición abordan el tema desde donde corresponde según su ubicación en el sistema: son los expertos en cómo nutrirnos, pero la realidad es que no somos solo un cuerpo; hay una mente, y en ocasiones es más poderosa. Hay emociones que desatan conductas, y hay conductas que por mucho que queramos corregir dependen de las emociones.

    De hecho, en cuestiones de alimentación nos podemos encontrar con sentimientos que provocan una determinada relación con la comida y que están debajo (como un magma latente) o por encima (si hablamos de su influencia en nuestra conducta) de de lo que elegimos llevar a nuestros platos.

    Personalidades perfeccionistas, extremistas, con tendencia a buscar el control en todo… ¿bastará con que sepamos elegir una dieta o una combinación de alimentos para que nuestra relación con la comida sea la más beneficiosa? Tal vez no. Tal vez para este tipo de personas (me incluyo, lo confieso), sea muy importante aprender a mantener un equilibrio más flexible. Aprender a flexibilizarse no es fácil, es más sencillo irte a los extremos, prohibirte o diseñarte una dieta “perfecta” pero.. ¿Y si una día te sales? ¿Y si caes en una excepción? Entonces tus emociones entrarán en juego y te podrás sentir desbordada, desordenada, “sucia”, incapaz… una serie de emociones que se transforman en desmotivación (para qué voy a cuidar lo que coma si ya lo he fastidiado…) o en culpa, o en castigo, o en necesidad de corregir.

    Si alimentarse bien fuese solo una ecuación en la que incluir alimentos, sería mucho más fácil encontrar el punto adecuado o la nutrición correcta, pero en este conjunto tenemos que lidiar con una parte de nosotras que no es tan matemática. No basta con elegir determinada comida ni basta con elegirla siempre.

    ¿Qué ocurre, de hecho, cuando tras un cambio importante en nuestra dieta y estilo de vida dejamos la etapa motivadora en la que nuestro cuerpo cambia rápido para pasar a una etapa de estancamiento donde ya no es tan divertido innovar y elegir las opciones ‘healthy’ y nuestro cuerpo ya no responde con esa ostentación de ‘mi nuevo yo’ que tanto nos motivaba?

    ¿Y cuando ahora ya no somos la que mejora día a día sino que nuestra ‘nueva yo’ debe mantener lo conseguido? No se lucha igual para conseguir avanzar que para no retroceder: nuestra mente se sitúa en zonas diferentes y esto repercute en la motivación para seguir manteniendo esos hábitos (que si no están aún muy consolidados tienen aquí margen para ponerse patas arriba).

    Con todo esto no quiero quitar mérito a quien cuida y mide lo que incluye en su dieta, al contrario, es un paso esencial y es la base (si no te alimentas bien no podrás sentirte bien), pero en este menú de nuevas recetas también deben estar presentes ingredientes como la FLEXIBILIDAD, la RELAJACIÓN y la CONFIANZA. Saber hacer una excepción y DISFRUTARLA, sin tener que compensar al día siguiente… Entender que hay días en los que la ‘pureza’ de lo que comas no puede sostenerse y estará bien si puedes aceptar que algo menos perfecto forme parte del menú del día, porque tu rutina seguirá dominando y solo con seguir los hábitos cotidianos estarás aportando equilibrio…

    Y, por supuesto, es esencial trabajar las emociones y las que rodean nuestra relación con la comida. La comida encierra muchas cosas: premios, castigos…. llena huecos emocionales, es un bálsamo o una cura, puede ser sustituto de carencias o puede ser una esclavitud. Desde luego que hay pocas personas que solo se relacionen con ella como un elemento nutricional, así que no dejemos de lado esta parte tan importante de nuestro cuidado personal y afrontémoslo con la misma dedicación que podemos poner a elaborar el plato más saludable del mundo.

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